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El siglo
XV marca el apogeo de los procesos de brujería
en Europa y la élite intelectual del
Renacimiento parece estar apasionada por
una nueva forma de magia.
Iniciada por Marsile Ficin, a quien
debemos la traducción latina de los textos
de Hermes, estos nuevos "magos" reagrupan a
grandes filósofos tales como Pic de la Mirandole,
Corneilles Agrippa o incluso Giordano Bruno
cuyas obras aparecen como verdaderas guías
iniciáticas.
Basada en el estudio profundizado de auténticos
textos como el Liber Sacer
de Hermes o el Picatrix árabe, la magia
del Renacimiento se muestra astral
y no se debe confundir con la astrología
o los horóscopos, ni con la magia negra
y la demonología.
Es el resultado de la naturaleza y se basa
en el poder de las estrellas. Se trata de
hacerlas bajar al hombre. Herederos de la
tradición hermética, los magos consideran
en efecto el cosmos como un conjunto de
capas unidas entre ellas por un sistema
armonioso de correspondencias y de simpatías.
Paralelas y complementarias, las tesis mágicas
que florecen en este periodo clave, forman
verdaderas colecciones prácticas para quien
sepa descifrarlas. |